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Las lavanderas de Lockerbie, las mujeres que limpiaron las prendas de las víctimas del atentado contra un avión en el que murieron 270 personas

🌎 Mundo · General · hace 2 h · Fuente: BBC Mundo

Las lavanderas de Lockerbie, las mujeres que limpiaron las prendas de las víctimas del atentado contra un avión en el que murieron 270 personas

Cargando Cargando Faltando pocos días para la Navidad, el 21 de diciembre de 1988, el vuelo 103 de la aerolínea Pan Am despegó del aeropuerto de Heathrow, en Londres, con destino al aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York.

38 minutos después, cuando el avión se encontraba sobre Escocia, a unos 9.400 metros de altura, explotó una bomba escondida dentro de una maleta en la bodega.

El avión se partió en pedazos y en 46 segundos se precipitó sobre el pueblo de Lockerbie.

Las 259 personas a bordo –entre pasajeros y tripulación- murieron en el acto, al igual que otras 11 personas en tierra. 190 pasajeros eran estadounidenses, 21 de otras nacionalidades.

El horror que dejó el atentado es difícil de describir: casas destruidas y envueltas en llamas, trozos de metal retorcido de la aeronave, cuerpos desparramados por el suelo, otros aún amarrados a sus asientos y restos de pertenencias y maletas desperdigados por una superficie de cerca de 2.200 km².

El que aún hoy se considera el mayor atentado terrorista en suelo británico tomó a este somnoliento pueblo escocés de unos 4.000 habitantes -y poco habituado a la presencia de los medios- por sorpresa.

Pero en medio del espanto surgió un sentimiento de solidaridad que movilizó a toda la comunidad de Lockerbie.

"Creo que todo el mundo quería hacer algo (...) Querías hacer algo en lugar de quedarte ahí sentada, y echar una mano", contó Elma Pringles en un video publicado por el FBI en 2018, para conmemorar los 30 años del atentado.

Pringles recordó junto a otras dos mujeres –Josephine Donaldson y Moira Shearer- cómo la gente empezó hornear magdalenas, bizcochos y otros dulces para reconfortar a quienes trabajaban en el terreno buscando primero sobrevivientes y luego todo aquello que pudiera servir como evidencia para investigar el siniestro.

Ellas tres fueron además las impulsoras de un grupo de mujeres locales que se organizó para lavar los uniformes de los soldados y la ropa de las víctimas para devolvérselas a sus familias, junto con otras pertenencias.

Fue un gesto simple, compasivo, que requirió de un esfuerzo enorme, pero que ayudó a devolverle la dignidad a las víctimas y significó mucho para las familias que lloraban a sus muertos al otro lado del océano.

La historia de estas mujeres –las "laundry ladies" o lavanderas- quedó plasmada en la coproducción de la BBC y Netflix que se estrenó recientemente en dicha plataforma, "Bomba en el Pan Am 103".

La policía clasificaba las prendas y objetos hallados en la escena del crimen con el objetivo de identificar a qué pasajero habían pertenecido.

Cada ítem recuperado contaba con una descripción precisa y un número correspondiente al sector del lugar del accidente en el que se había encontrado.

Si el objeto no constituía evidencia para la investigación, se almacenaba en un galpón en desuso habilitado para tal fin semanas después del atentado.

Y allí, en una lavandería improvisada, un grupo de voluntarias –del que formaban parte Pringles, Donaldson y Shearer- se organizaban por turnos para limpiar las manchas de hollín, barro y sangre de las prendas de las víctimas, plancharlas y doblarlas.

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Envolvían la ropa cuidadosamente en papel de seda y la guardaban con los objetos personales en una caja de cartón que más tarde enviaban a los familiares junto con una nota escrita a mano.

Era un trabajo sencillo, pero requería estómago. No todas las voluntarias pudieron enfrentarse a la crudeza de lo que tenían delante, y poco a poco su número fue mermando.

"Había cuatro grupos de dos personas, es decir, ocho por la mañana, y a la hora de comer se hacía un cambio, así que, para empezar, vendrían unas 16 voluntarias cada día", le explicó Pringle al FBI. "Todo el mundo quería hacer algo para ayudar".

Decenas de miles de artículos personales fueron recuperados en Lockerbie y sus alrededores: desde zapatos, maletas, joyas, libros y diarios íntimos, hasta rollos de fotos de ese último viaje aún sin revelar.

Fue una tarea que tomó más de un año. E incluso siete años después, otras mujeres hicieron lo mismo con la ropa de las víctimas que hasta ese entonces habían sido retenidas como evidencia forense.

En un reportaje de 2018 de la BBC, Josephine Donaldson recordó que al llegar a su casa tras la explosión vio en su propio jardín un bolso tirado en el suelo.

"Lo abrí y dentro había tarjetas de cumpleaños para celebrar los 21 años de una chica", explicó.

"Se llamaba Nicole Boulanger y había cumplido 21 años el 28 de octubre de ese año".

Cuando encendió el televisor para seguir las noticias, Donaldson vio a la madre de Nicole esperando en el aeropuerto de Nueva York.

"La madre había ido a buscar a su hija al aeropuerto y se enteró de que el Pan Am 103 se había estrellado. Me resultó muy extraño tener el bolso de la chica".

"Y ahí fue cuando decidí que cuidaría de esa chica y siempre pondría una flor en el jardín para ella".

Más tarde, trabajando en la lavandería, Donaldson encontró un portafolio que le llamó la atención. Pertenecía a una de las estudiantes que había viajado en el vuelo.

"Contenía unas fotografías preciosas, y dentro había tarjetas de felicitación por su 21 cumpleaños, el mismo día que Nicole Boulanger".

Fuente: BBC Mundo

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